Soy Anna Stephanie Muñoz, y al igual que muchas personas tenía un concepto erróneo sobre lo que consistía la felicidad. Para mí, la felicidad tenía que ver con poner una palomita a cada uno de los rubros en mi “lista de logros”. Estaba por cumplir 30 años y por fin había palomeado prácticamente todo:

  • Tener un puesto de Gerencia en una compañía multinacional
  • Tener carro propio, ¡sin deuda!
  • Tener casa propia (esta sí, con un préstamo)
  • Cursar una maestría en el extranjero
  • Haber trabajado en Europa
  • Matrimonio
  • Haber conocido al menos 15 países diferentes


Sin embargo, todo lo anterior lo había hecho con la idea de un objetivo en particular, y era el que no estaba palomeado en mi lista: ¡SER FELIZ!

Justo cuando comencé a pensar que la felicidad era un tema utópico que sólo se vivía en las películas cursis, coincidió que en la empresa en que trabajaba me invitó a asistir a un curso de algo llamado “Coaching”. Era la primera vez que aprendería sobre herramientas de desarrollo personal. Yo buscaba herramientas para mejorar mi comunicación, pero nunca me imaginaba que me enfrentaría a mí misma.

Fue en este proceso de descubrimiento que me di cuenta de que mi vida era un desastre. La reflexión que alcancé durante el curso fue muy reveladora: había logrado el éxito material a costa de una destrucción de mi felicidad personal. Honestamente, ¿cómo era mi vida?:

  • Tenía éxito material, pero cada día estaba más sola.
  • Tenía éxito material, pero de talla 2 pasé a talla 6 (que para mí era un sobrepeso substancial después de haber sido deportista desde niña).
  • Era “la gerente”, pero mi estilo de liderazgo y comunicación era agresivo.
  • Tenía éxito material, pero vivía un matrimonio donde no nos comunicábamos y cada uno tenía su vida por separado (“roomies” bajo contrato nupcial).


Estaba viviendo en una “jaula dorada”, donde sacrificaba tiempo y relaciones por ideales impuestos, donde el dinero en la cuenta era sinónimo de éxito, seguridad y autoestima. Sin embargo y por fortuna, existían momentos escasos en donde algo dentro de mí me decía “sal de ahí”, pero en aquel nivel de consciencia era prácticamente imposible pues esa jaula dorada era muy robusta y difícil de derribar por mí misma.

Una cárcel construida con paredes (falta de consciencia), grilletes (zona de confort), yo misma ahí adentro (víctima y llena de auto conmiseración), la reja (el miedo), los guardias (mundo externo con sus altas expectativas e ideales) … Sólo había una pequeña ventana hacia el exterior (la esperanza) y la cerradura con su llave afuera (transformación).

Y claro, lo primero que hice fue intentar salir yo sola. Sin embargo, no lo lograba porque para salir de la jaula estaba utilizando las mismas creencias limitantes con las que la había creado.

Probé de todo, pero eran disparos al aire sin ningún orden o sentido. Obvio el panorama se complicó. No fue hasta que pedí ayuda y emprendí un proceso de coaching y me acerqué a maestros de muchas disciplinas (yoga, desarrollo personal, nutrición integrativa, etc.) que hice consciencia de que “ser feliz” era una meta muy vaga, que necesitaba herramientas para ser más eficiente y crear una estrategia que fomentara mi potencial. Después de un largo proceso de 4 años logré transformarme:

Tomé consciencia de mí misma, lo que me ayudó a ver y botar las paredes de mi cárcel

Me di cuenta de que podía hacer las cosas diferentes y vencer mis bloqueos mentales saliendo de mi zona de confort, quitándome los grilletes.

Aprendí a conocerme, con lo que adquirí confianza en mí misma, así como claridad en mis metas y valores, lo que me ayudó a salir del papel de víctima y mejorar mi relación con los demás.

Liberé mi potencial trabajando mis miedos, para poder abrir esa reja que no me dejaba salir.

Pude enfrentarme al mundo externo (familia y sociedad) teniendo las herramientas adecuadas para ser asertiva. El entender cómo piensan los guardias y aceptar que son diferentes a mí me ayudó a tener una mejor relación con ellos.

Cabe mencionar que el acompañamiento fue vital para alcanzar la llave que abre la reja y comenzar la transformación personal, logrando un mejor balance de vida. EL proceso hubiera sido mucho más corto si desde el principio hubiera buscado ayuda.

Durante el proceso de coaching no tomé decisiones. Lo que logré durante el proceso fue empoderarme de tal forma que salí de mi cárcel mental tomando las decisiones que lo permitieron. Entre ellas las más importantes se encontraron: Divorcio y dejar la vida corporativa para emprender mi propia empresa.

Hace unos añitos llegue a los 40 años, sólo que a comparación de los 30, esta vez era libre mentalmente. Volví a hacer el ejercicio de la lista. Esta es mi nueva vida:

  • Inicié un nuevo matrimonio y ahora era esposa y madre con una familia feliz, y no es que no surjan problemas, pero ahora es fácil resolverlos porque somos un equipo unido y comprometido.
  • Cuento con una excelente relación con mi familia y la de mi esposo, las cuales además se han convertido en red de apoyo.
  • Tengo buenas relaciones interpersonales y estrecha con mis amigos.
  • Viajo y conozco personas alrededor del mundo, lo cual me apasiona.
  • Gozo de buena salud y alimentación, mi vida es más sana.
  • No acumulo cosas materiales ni mentales que no aportan valor en mi vida.
  • Emprendí mi propio negocio y tengo varias iniciativas en puerta.
  • Sigo aprendiendo, formándome como profesional, aprendiendo nuevas habilidades
  • Ayudo hoy a las personas a salir de sus cárceles mentales.

Sobre todo, he logrado el tema más importante que tenía pendiente desde hace años, que es: ¡SER FELIZ!

Si esta historia resuena con su vida y quiere salir de su cárcel, aquí estoy para ayudarlo a que su proceso sea de meses, y no de años. Hoy dedico mi vida para apoyar a personas que como yo necesitaron ayuda.

DESCARGUE el documento: LOS 23 ERRORES LABORALES QUE CAUSAN DESBALANCE DE VIDA

En este documento descubrirá:

  • Los errores comunes que cometen las organizaciones
  • Los errores que cometen los individuos
  • Tomar acción realizando el primer paso para alinear expectativa personal con la de la empresa.

Y sobre todo, tanto las organizaciones como el individuo podrán determinar dónde están fallando y hacer las correcciones pertinentes para lograr mejores resultados y mayor balance de vida

Anna Stephanie